Rallamos los tomates, al final debemos de tener un vaso de los de agua lleno habiendo quitado todo el agua al tomate rallado cosa que se hace muy fácil con un colador.
En una cazuela ponemos los tomates, y añadimos los 100 gramos de azúcar (hay que pesarlos) y el chorro de jerez. Mezclamos bien.
Deberá estar como una hora a fuego medio hasta que todos los líquidos se evaporen y quede una textura de mermelada.
Salamos y freímos las chuletas, con el punto que nos guste, ya que en el horno NO se harán más.
Ponemos las chuletas en una fuente de horno y encima ponemos el tomate y el queso rallado.
Metemos en el horno con el gratinador a tope para que gratine hasta que veamos que adquieren ese color dorado.
Servimos recién salido del horno. ¡Que aproveche!