Os voy a contar la pequeña historia de mi tío Paco. Madrileño de nacimiento, vino al mundo hacia 1900. Con el tiempo conoció a mi tía Victorina, una mujer de origen riojano que era hermana de mi abuela. Se casaron y, hasta donde llega mi recuerdo, fueron felices, aunque, desde luego, las circunstancias no les permitieron comer perdices.
Mi tío venía de una familia acomodada que tenía un chalet en Pozuelo —que ya en aquella época se consideraba una zona distinguida para vivir— y una camisería en la calle Mayor, en pleno corazón de Madrid. Como hijo de buena familia, Paco pudo estudiar en el Liceo Francés y, posteriormente, se formó en pintura y escultura en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Aquello era un privilegio con el que la mayor parte de los mortales de la época ni siquiera se atrevía a soñar. Pero entonces llegó la guerra…
Al encontrarse en Madrid, la familia vivió la contienda en el bando republicano, con cuyas ideas comulgaban. Como la historia nos recuerda, terminaron en el lado de los perdedores y la represión no se hizo esperar. Mi tía Victorina, que era maestra de escuela, fue inhabilitada y perdió su trabajo; el nuevo régimen no iba a permitir que una mujer de ideas afines a la República educara a los niños. Mi tío Paco, que trabajaba en la camisería de la familia, también vio desaparecer al verse sus padres obligados a venderlo.
Sus nombres quedaron marcados porque ninguno de los dos fue capaz de volver a ejercer de manera oficial. A partir de entonces, su vida fue una batalla silenciosa por la supervivencia. Salieron adelante como pudieron: ella, dando clases particulares a los niños del barrio; él, dando clases de idiomas (hablaba francés e inglés, aparte de castellano), restaurando pequeños muebles, abanicos, recuperando lienzos que le enviaba algún potentado o vendiendo sus propias pinturas en el Rastro madrileño.
Como os podéis imaginar, sus ingresos eran mínimos y malvivían. Por eso, toda la familia se conjuró para ayudarlos: cada vez que había una celebración, le comprábamos un cuadro a mi tío Paco para que tuvieran algo de sustento. Así fue como, durante mis primeros catorce años, uno de mis regalos de cumpleaños fue siempre un cuadro de mi tío. Mi madre le compraba los cuadros para darle una oportunidad de subsistir, y luego esos mismos cuadros se convertían en mi regalo.
Gracias a ese gesto de amor familiar, hoy poseo un patrimonio pictórico enorme. Sin embargo, el tiempo pasa y esos cuadros ya no tienen cabida en mis paredes ya que no tengo espacio suficiente para todos. Además, el lugar donde los guardo va a dejar de estar disponible porque vamos a acometer una reforma importante en casa. Pensar en llevarlos al contenedor de basura me rompe el corazón; sería como tirar los (intensos) recuerdos y el esfuerzo de mi tío.
Por eso, me gustaría que si a alguien le interesa alguno, se ponga en contacto conmigo. Estaría encantado de regalárselos. Tengo lienzos y tablas de todos los tamaños y temáticas, algunos con marco y otros sin él. Mi único deseo es que estas obras encuentren a alguien que aprecie la pintura, o simplemente esta historia, y que decida colgarlos en la pared de su casa de campo, en su club social o donde crea que puedan lucir con cierta dignidad y no acabar entre desperdicios y basura.
De todo corazón, gracias
Nota. El corcho solo tiene como objetivo que tengáis una referencia del tamaño








Ni se te ocurra tirarlos. Si no tienes dónde almacenarlos, te los guardo en Torrejón.
Muchismas gracias Isaac, lo hablamos. ❤️❤️❤️
Hola
Soy la amiga de Catalina,podría quedarme con alguno,son muy bonitos.
Hablamos
Muchas gracias
Qué te dé Cati mi teléfono. Mándame una foto con los cuadros que te interesan por whatsapp y te los reservo.
Muchas gracias.