Nuestra valoración
Si eres de los que, como yo, valora comer sin que el vecino de la mesa de al lado se entere de tus asuntos personales, el Restaurante Treze te va a gustar. 🗨 En mi reciente visita a este establecimiento, encontré un reducto que mantiene intactos los códigos de la buena hostelería de siempre: un salón amplio, luminoso y con mesas perfectamente vestidas, que gozan de una distancia física generosa, algo que hoy casi parece un lujo extinguido. 🗨 Mi veredicto es claro: nos encontramos ante un valor seguro para quienes buscamos cocina clásica y honesta, sin sorpresas desagradables en la cuenta.
Lo que comimos
Cuando me junto con mi familia, solemos querer probarlo todo, así que la mesa terminó pareciéndose más a la de un restaurante chino —con platos cruzando el espacio aéreo constantemente— que a la de un comedor clásico. El servicio, lejos de fruncir el ceño, lidió con nuestra “anarquía” con una sonrisa y sin poner una sola pega.
La experiencia comenzó con el típico servicio de mesa no solicitado. Esa suerte de peaje gastronómico obligatorio en nuestra cultura de restauración y que consistió 🍴 en pan, aceitunas, mantequilla y un poco de salchichón. Todo correcto, sin alardes pero bien resuelto.
En el capítulo de entrantes, te sugiero que pidas el 🍴 torrezno; se presenta con una corteza crujiente y bien ejecutado el resto: jugoso. 🍴 Los callos con morro resultaron espléndidos, con ese punto meloso y untuoso que solo se consigue con horas de mimo en la cazuela. Al parecer es uno de los platos estrella y clásicos del restaurante.
La única nota discordante de la apertura fue la 🍴 ensalada de tomate de temporada, que resultó sosa y carente de esa alma que se le presupone al producto de huerta. Por fortuna, 🍴 el puerro asado que sirvieron a continuación fue verdaderamente fantástico, un bálsamo que nos devolvió rápidamente al buen camino. El mejor escribano echa un borrón.
Para los platos principales, compartimos un 🍴 chuletón. Aunque no me considero un experto absoluto en maduraciones, te aseguro que la calidad de la carne me pareció muy notable, con la grasa bien infiltrada y un sabor profundo. 🍴 Las albóndigas clásicas también jugaron en primera división, melosas y con una salsa bien ligada de las que exigen mojar pan. Los chipirones en su tinta, en esta ocasión, pasaron de largo por la mesa sin que yo los probase 🙁 .
En los postres, 🍰 la semi-esfera de chocolate cumplió su papel con dignidad, pero la 🍰 tarta tatin de manzana fue la ganadora absoluta de la comida. Presenta una textura y caramelización verdaderamente excelentes. Si vienes, este postre no es negociable: pídelo.
🍷 La bodega merece una mención prioritaria. Frente a esas cartas de vinos modernas de precios hinchados y referencias incomprensibles, el restaurante Treze ofrece una carta muy amplia que destaca por su sensatez económica. Decidí regar la comida con tres botellas de 🍷 Azpilicueta Instinto, un vino que me sorprendió gratamente por su equilibrio y que gustó a todos los comensales. Lo mejor de todo es que se trata de uno de los tintos más económicos de la carta, demostrando que no hace falta pagar un rescate para beber con dignidad.
Lo que pagamos
💶 Toda esta comida se tradujo en una factura de 60 € por comensal. Teniendo en cuenta la comodidad del entorno, la solvencia del servicio y la calidad de lo que se sirvió en el plato, la relación satisfacción-precio es fantástica. Si buscas comer bien en un ambiente de los que ya no quedan muchos, te invito a que te dejes caer por allí.
Las fotos
El video
Hacer un video me lleva mas horas que hacer un guiso de la abuela y como en este caso no aportaría mucho sobre los ya realizados, os dejo este de una visita anterior.







