En un artículo anterior escribía sobre las causas que han llevado al Real Madrid hacer una pésima temporada pero las últimas noticias confirman que el madridismo se enfrenta a un escenario que muchos creíamos superado y que hace vislumbrar una negra perspectiva de futuro: el regreso de José Mourinho al banquillo del Real Madrid es una nefasta decisión. No se trata solo de una cuestión de filias o fobias personales; se trata de ver lo que esta incorporación supone para la institución a nivel de reputación, deportivo y, sobre todo, de futuro.
Contenido
Un perfil incompatible con los valores del club
El Real Madrid es un club de fútbol y al mismo tiempo es una marca global que exige una conducta y una ejemplaridad a la altura de su historia, una historia en la que creemos y de la que estamos orgullosos. Y Mourinho, sencillamente, no encaja en ese molde. Estamos ante un personaje que ha hecho de la confrontación su seña de identidad.
Para entender su carácter bronco y divisivo, no hace falta irse muy lejos; basta con remitirse a precedentes lamentables, como los tensos cruces en el pasado entre el Benfica y el Madrid, en el que Prestianni insultó gravemente a Vinicius. En lugar de recomendarle al chico que se excusara alegando el calor de la confrontación, insistió bajo la tutela de Mourinho en negar la mayor, una decisión que le acarreó al chaval una fuerte sanción y posiblemente marque su carrera deportiva. Como decía mi abuela el zorro cambia el pelo pero no las mañas.
El gran peligro actual es el efecto multiplicador. Si juntas a un entrenador con esa tendencia al conflicto con un futbolista tan propenso a la camorra y a descentrarse en guerras absurdas como Vinicius, el resultado es una bomba de relojería. La imagen del conjunto blanco va a salir gravemente perjudicada. En lugar de hablar de fútbol, nos esperan ruedas de prensa incendiarias, quejas arbitrales sistemáticas y un ruido mediático constante que manchará emborronara todo.
Un palmarés reciente que no justifica el riesgo
Quienes defienden su vuelta suelen apelar a la nostalgia de su primera etapa, pero el fútbol no vive del pasado. Si analizamos su trayectoria reciente de forma fría y objetiva, descubriremos que sus números están muy lejos de ser deslumbrantes para un club del nivel del Real Madrid.
En la última década, su rendimiento ha sido más bien discreto. Durante sus etapas en el Chelsea, Manchester United y AS Roma, solo ha sido capaz de ganar cuatro títulos de verdadera relevancia (una Premier, una Europa League, una Copa de la Liga y una Conference League). Un bagaje que, para un periodo de diez años, resulta a todas luces insuficiente si pretendes sentarte en el banquillo del Santiago Bernabéu.
A esto hay que sumarle la propuesta futbolística. Sus equipos hace mucho tiempo que dejaron de destacar por el buen juego, si alguna vez lo hicieron. El espectador del Bernabéu además de ganar, exige ver un fútbol de calidad, alegre y dominador. El estilo especulativo, rácano y plano que suele proponer el portugués promete tardes de tremendo aburrimiento para el aficionado.
El coste de oportunidad: Anclados en el pasado
Este es, quizás, el punto más crítico de su llegada. El fútbol moderno ha evolucionado a una velocidad de vértigo. Hoy en día imperan los sistemas de presión alta, las transiciones supersónicas y una flexibilidad táctica extrema. Mientras el fútbol a nuestro alrededor sigue avanzando hacia la modernidad, el Real Madrid comete el error de anclarse a sistemas y métodos de entrenamiento que conectan directamente con el pasado.
Traer de vuelta a Mourinho es una regresión táctica. Es renunciar a construir un proyecto vanguardista por miedo a mirar hacia adelante.
El coste de oportunidad de esta decisión es gigantesco. Cada año que pasemos ejecutando un libreto obsoleto será un año perdido en la formación y adaptación del equipo a las exigencias del balompié de élite actual. Nos estamos bajando voluntariamente de la carrera por la vanguardia futbolística europea.
Conclusión: Una factura que pagaremos más adelante
Para cerrar está personalísima opinión, conviene aclarar una cosa: afirmar que la llegada de Mourinho es un error no significa vaticinar que el Madrid no vaya a ganar absolutamente nada. En el fútbol actual, por pura inercia y por la calidad individual de la plantilla, es posible que caiga algún título. Aunque, viendo sus últimos precedentes, también es bastante posible que nos quedemos en blanco.
Pero el análisis debe ir mucho más allá de un trofeo puntual. Independientemente de que se gane o se deje de ganar a corto plazo, la decisión de ficharlo ya es mala de por sí. El verdadero problema vendrá cuando termine su ciclo. El enorme coste de oportunidad nos pasará factura más adelante. Mourinho suele dejar a su paso tierra quemada, vestuarios divididos y dinámicas tácticas caducas. Cuando el portugués se marche, levantar el vuelo y reconstruir el club sobre bases modernas será todavía más difícil y doloroso. Es un peaje que el Real Madrid no debería pagar.







