Si eres de las personas que no tiene muy claro a quién votar; si te mueves entre el “que les den por el culo” o acercarte a las urnas para votar en blanco e indicar que te gusta la democracia pero no quien la maneja; si estás cansado de ver más peleas que soluciones en el Parlamento; si ves que la sociedad camina hacia la pobreza y que ninguno de los que están es capaz de revertir eso; si crees que el régimen del 78 está en coma y que huele ya a carne putrefacta; si estás hasta las narices de que te intenten encasillar… en resumen: si no sabes qué votar, creo que te interesa leer hasta el final.
“El Régimen del 78 está en crisis, es una democracia imperfecta que necesita una alternativa frente a un sistema agotado.” — Pablo Iglesias
El significado del voto
Lo primero que deberíamos entender es qué sucede cuando NO votamos a un partido político directamente:
El voto en blanco Se produce cuando un elector introduce en la urna el sobre vacío o con una papeleta en blanco. Su efecto: El voto en blanco sí se considera un voto válido. En el sistema electoral (como el español), los partidos necesitan alcanzar un porcentaje mínimo de votos (generalmente el 3 % en elecciones generales) sobre el total de votos válidos para entrar en el reparto de escaños. Al sumar los votos en blanco al total, la “tarta” de votos válidos se hace más grande. Esto significa que ese 3 % representa un número mayor de papeletas. En la práctica, el voto en blanco dificulta que los partidos pequeños consigan representación, ya que eleva la barrera de entrada y, por consiguiente, favorece la partitocracia de los grandes partidos.
El voto nulo Ocurre cuando el sobre contiene alguna irregularidad: una papeleta rota, tachada, pintada, varias papeletas de distintos partidos en un mismo sobre, o cualquier objeto ajeno al proceso electoral. Su efecto: A diferencia del voto en blanco, el voto nulo no es un voto válido. Por lo tanto, no se suma al recuento final de votos válidos ni altera el tamaño de la “tarta”. No tiene ningún efecto matemático en el reparto de escaños ni en las barreras electorales. Sirve únicamente como una estadística que suele interpretarse como un mensaje de protesta (o como un simple error del elector al preparar el sobre). Como tal protesta, encontrar estadísticas de votos nulos es prácticamente imposible.
La abstención Es la decisión consciente o circunstancial de no acudir a votar el día de las elecciones. Su efecto: La abstención no afecta matemáticamente al resultado ni al reparto de escaños. El sistema electoral solo tiene en cuenta a los ciudadanos que sí participan. Los escaños se distribuyen exclusivamente en función de las papeletas que entran en las urnas. Aunque una alta abstención manda un fuerte mensaje político de desafección o desinterés, a nivel práctico, deja el 100 % de la decisión en manos de quienes sí decidieron ir a votar. Además, el voto de protesta se junta con el de los antisistemas que no creen en la democracia, con personas enfermas que no pueden acudir a votar y con todo tipo de casuísticas. A esto se suma que los partidos ya han decidido que con que la participación esté por encima del 50 %, los abstencionistas son básicamente gente que prefiere irse de vacaciones ese domingo y no estar pendiente de acudir a las urnas.
Ante la evidencia de que el sistema ignora completamente la abstención y el voto en blanco, un grupo de personas comprometidas intentan cambiar esta situación. Lo hacen con la idea de que esos votos en blanco o la abstención —que aglutinan los votos de todos esos demócratas que no encuentran una opción que les represente— puedan tener una mínima opción en el sistema. Así surge Escaños en Blanco.
“Nuestras democracias han desarrollado una gran capacidad para procesar votos, pero una capacidad muy limitada para procesar la decepción.” — Daniel Innerarity
Qué es Escaños en Blanco
“Nos invitan a elegir entre lo mismo y lo mismo. Se vota, pero no se elige.” — Eduardo Galeano
Su única promesa electoral es que sus candidatos jamás tomarán posesión del cargo si resultan elegidos. Retiran el acta pero no completan el proceso de juramento, lo que provoca que el escaño (o concejalía) quede físicamente vacío durante toda la legislatura.
- Renuncia económica absoluta: Al no adquirir la condición plena de parlamentarios o concejales, renuncian a cualquier tipo de sueldo, dietas, asesores y subvenciones públicas que corresponden a ese escaño o grupo político. Ese dinero, por tanto, se queda sin gastar en los presupuestos públicos.
- Penalizar a la clase política: Su objetivo es restar poder real y económico a los partidos tradicionales. Consideran que la abstención, el voto nulo o el voto en blanco convencional se ignoran, benefician matemáticamente al resto de partidos o se interpretan erróneamente como simple “apatía”. Votándoles a ellos, el descontento se traduce en una pérdida efectiva de escaños para las demás formaciones.
- Dar valor al voto de castigo: Buscan que los ciudadanos que no se sienten representados por ninguna opción política tengan una vía para que su voto “valga lo mismo” que el de quienes sí apoyan a un partido concreto, funcionando como una alarma sobre el estado de la democracia.
- Autodisolución: La agrupación no busca gobernar ni tomar decisiones legislativas (ya que sus escaños no votan). Tienen el compromiso fundacional de disolverse en el mismo momento en que España apruebe una reforma de la Ley Electoral que incluya el voto en blanco computable; es decir, que la propia ley establezca que los votos en blanco se traduzcan automáticamente en asientos vacíos en los parlamentos.
Estas son las ideas básicas, pero si deseas más información, te sugiero que hagas clic en el link para visitar su web. Y no solamente eso: únete para ir creando una masa crítica que poco a poco nos permita darnos a conocer en esta sociedad cada día más hastiada y polarizada gracias a nuestros políticos.
“Nos invitan a elegir entre lo mismo y lo mismo. Se vota, pero no se elige.” — Eduardo Galeano
Por qué me he metido yo en este lío
A lo largo de mi vida me ha dado tiempo a votar a prácticamente todos los partidos, con la excepción de los más recientes, porque antes de que aparecieran en el espectro político yo ya tomé la decisión de no votar a nadie más o mejor dicho, a ninguno de los que hoy en día están en el parlamento.
Pero debo decir que en las últimas décadas mi decepción con la clase política ha ido en aumento: Zapatero, un personaje siniestro que estuvo a punto de lanzarnos a la ruina económica por conservar el poder; Puigdemont, la clase más infame de traidor que puede existir, Rajoy, un imbécil integral al que su ego llevó a su partido político a una crisis enorme, aparte de que estuvo a punto de firmar la disolución de los casi seis siglos de historia de España tal como la conocemos; y por último, Sánchez “el adelantado”, un presidente cercano, muy cercano, a la gestión de Bukele, Nicaragua, que el presidente de una ejemplar democracia occidental. Pero tampoco me resulta disonante, porque convertirnos en una república bananera es el camino que llevamos, nos falta poco, pero se nos adelantó.
Y lo que se presenta como futuro tampoco mejora mucho lo que teníamos.
“El pueblo cree ser libre; se equivoca mucho: no lo es sino durante la elección de los miembros del Parlamento; desde el momento en que estos son elegidos, el pueblo es esclavo, no es nada.” — Jean-Jacques Rousseau
Así que yo no quiero votar a ninguno de los partidos, pero quiero votar. Quiero dejar constancia de que estoy cabreado, de que no me gusta lo que veo y de que todo esto es un sistema que se ha montado (o convertido) para que la casta política viva de putísima madre a costa de la mayoría de los ciudadanos, a los que en el fondo, a los partidos políticos, les importan una mierda. El ciudadano es un medio para conseguir el poder y la pasta, y no un fin.
Y ahí aparece Escaños en Blanco, personas sin ningún interés económico que ponen un montón de trabajo y esfuerzo en intentar llegar a la gente con su proyecto. La idea es visibilizar con escaños vacíos (será muy complicado porque la mayoría de los escaños están vacíos la mayor parte del tiempo) la postura de demócratas que no están de acuerdo con cómo funciona el sistema. Al quitar un escaño, quitan un poco de poder a los partidos, pero sobre todo les quitan todo el dinero que de los escaños se deriva, y eso espero que sí que les duela.
No es una idea maravillosa, creo que es una idea que tiene fisuras, pero al menos es una idea diferente. Escaños en Blanco no va a poder cambiar este país, pero sí que confío en que pueda ser la semilla que prenda en alguien cerca del poder al que haga reflexionar. Difícil es; seguramente es más probable convertir a un talibán al cristianismo que lograr que un político muerda la mano del amo que le da el coche, la secretaria, el piso, la puerta giratoria, el trabajo para un familiar que no necesita presentarse, ….
“Elegimos ir a la Luna en esta década y hacer otras cosas, no porque sean fáciles, sino porque son difíciles”. — J. F. Kennedy
A pesar de la dificultad de la tarea, creo que merece la pena intentarlo. ¡Unete a nosotros!







