Nuestra valoración
En mi reciente visita a Port Royal, en Alicante, me he reafirmado en que la constancia es el ingrediente más difícil de conseguir en la hostelería actual. Sobrevivir cuatro años y medio en un emplazamiento que no goza de un flujo constante de transeúntes tiene un mérito indiscutible, y su sólida reputación digital no es fruto del azar. Si buscas un refugio gastronómico honesto donde disfrutar de las brasas y de las carnes, te sugiero que apuntes este nombre.
🗨 Al cruzar el umbral, te encuentras con un interiorismo de corte industrial donde destacan conductos de cobre vistos y jardines verticales que aportan una frescura vegetal muy relajante. Es un espacio agradable, sin estridencias, ideal para centrar la atención en lo que verdaderamente importa: la mesa.
Los platos: ¿puede una gamba ganar a una chuleta de vaca?
🍴 La experiencia comenzó con un par de detalles de cortesía: una pequeña tosta de pan con verduras y pescado curado, escoltado por un pan tostado con aceite y ajo sumamente sabroso. No es un mal inicio para entonar el paladar.
🍴 El primer envite serio de la jornada llegó con un torrezno a la brasa. Aquí el humo y la parrilla hacen su magia, aportando un matiz diferencial y tostado que lo aleja del torrezno común.
🍴 Siguieron las croquetas de gamba, de textura cremosa y un sabor tan nítido que nos vimos obligados a pedir una ronda extra para que nadie en la mesa se quedara con la duda.
🍴 Las alcachofas guisadas con jamón y huevo confirmaron el buen hacer de la cocina. Nos contaron que en esta casa compran el producto fresco en temporada y lo conservan ellos mismos; doy fe de que carecen por completo de la acidez metálica de las alcachofas de bote de supermercado.
🍴 La pata de pulpo a la brasa con boniato resultó muy tierna en su cocción, pero lamentablemente carente de sabor y excesivamente dulce por culpa del tubérculo. Personalmente, me cuesta tolerar los matices en exceso dulces en platos salados. Este problema del pulpo insípido lo empieza a encontrar con demasiada frecuencia por desgracia.
🍴 El protagonismo carnívoro lo asumieron tres chuletas de vaca frisona, compartidas entre los ocho comensales. Una carne excelente, con un sabor profundo y el punto idóneo. Aquí la sala despliega un detalle técnico: instalan una pequeña parrilla con extractor en la mesa para terminar la carne al gusto. Aunque el sistema es un acierto para evitar humos en el salón, siempre he pensado que cuando uno paga por una buena pieza, espera que el cocinero la sirva en su punto exacto desde los fogones. Pagar por trabajar es un concepto brillante de marketing, pero no tanto para el comensal. Por fortuna salió perfecta de cocina y una de las camareras trinchó la carne con impecable precisión en la mesa y no tuvimos necesidad de usar la parrilla.
🍰 Para el cierre dulce, compartimos una torrija y una tarta de chocolate. La torrija cumplió con nota gracias a su jugosidad, mientras que la tarta de chocolate pasó sin pena ni gloria, resultando bastante menos interesante.
El torrezno a la brasa ofrece un matiz de humo que lo aleja por completo de la típica corteza frita
La Bodega: Un factor diferencial
🍷 Si eres de los que aprecian el buen beber, este apartado te interesa especialmente. La bodega en Port Royal está gobernada por Yuni, un sumiller excelente que sabe escuchar y sugerir con criterio. El vino fluyó en sintonía con la contundencia de la comida.
🍷 Iniciamos con Villota, un Rioja de la zona de Laguardia. Es un tinto de trago sumamente agradable, con cuerpo pero sin resultar en absoluto pesado, donde destaca la fruta madura y un final suave y equilibrado. De esos tintos que acompañan la conversación sin reclamar un protagonismo.
🍷 Agotadas las existencias, pasamos a territorio francés con un Côtes du Rhône de E. Guigal. Un tinto con personalidad, sabroso, con sutiles notas especiadas y un fondo cálido que armonizó estupendamente con la chuleta frisona.
🍷 Para el postre, Yuni nos recomendó una botella de Sauternes Château Violet-Lamothe. Un vino bendecido por la botritis, con recuerdos de miel y fruta madura, que destaca por su frescura y un perfil nada empalagoso. Un broche fresco para cerrar la comida con la dignidad que merece.
La factura
💶 Hablemos de números, que a mi edad me gusta la claridad. Si decides prescindir del alcohol, la experiencia se sitúa en unos razonables 55 euros por persona. Una relación calidad-precio muy justa para el nivel de la cocina. Ahora bien, si sumas las cervezas de bienvenida, los cafés irlandeses, los carajillos y, por supuesto, la selección de vinos, la cuenta romperá alegremente la barrera de los 80 euros por cabeza.
💶 Debes tener en cuenta que las tarifas vinícolas siguen la tónica de Alicante: son elevadas y es sumamente complicado encontrar referencias por debajo de los 30 euros en su carta.
En resumen
Una buena cocina basada en brasas con todos los platos a buen nivel, aunque con algún pequeño bajón. Los torreznos la croqueta de gamba, la chuleta y la torrija te van a asegurar un camino sin ningún tipo de sobresalto.
🗨 Servicio donde destacó la profesionalidad de todas las personas que nos atendieron, así como su amabilidad. A mí me encanta que cuando vas a un restaurante haya alguien que verdaderamente sabe los vinos y te puede aconsejar y guiar.
🗨 Port Royal funciona como un excelente todoterreno. Es idóneo para una comida de negocios, un almuerzo familiar o una reunión de amigos. Si bien mi visita aconteció en agosto y el local no estaba al completo, te sugiero reservar con antelación en periodos de alta demanda. Si la buena carne y el vino bien aconsejado están en tu lista de prioridades, saldrás muy satisfecho.







