Nuestra valoración
Hace no menos de dos décadas que conocí el Bar de Tapas Brisa, justo en la época en que llevaba a mi hija a clases de guitarra en el conservatorio de Muchamiel. Mientras ella aprendía acordes, yo aprendía que este bar era un refugio donde la espera pasaba volando.
Veinte años después, nada ha cambiado… y eso es precisamente es lo que lo hace irresistible. La decoración es la misma, el ambiente sigue igual de bullicioso y, sobre todo, la comida y el trato mantienen ese nivel que llena el local día sí y día también.
Lo que comimos
🍴 Empezamos con una ensaladilla de las de toda la vida: sin florituras, como la haría tu madre. No va a ganar concursos, pero está muy rica.
🍴 Luego llegó el foie, un bloque puro, sin inventos ni mousses que escondan la materia prima. Aquí es 100% hígado de pato hecho por ellos mismos, y si eres fan de este manjar, es de pedir sí o sí.
🍴 Las salazones con tomate de Muchamiel me sorprendieron: no suelo ser muy de salazones, pero la calidad era evidente. El tomate, carnoso y dulce, tenía historia: venía directo de una huerta local y se notaba en cada bocado.
🍴 El mismo hortelano que trajo los tomates dejó también pimientos de Padrón, que hicieron nuestra mesa feliz: pequeños, pero muy sabrosos y ninguno picó.
🍴 Seguimos con pulpo a la brasa con parmentier de patata. Me encanta este plato, y aunque estaba muy bueno y no quedó ni rastro, no me sorprendió tanto como en visitas anteriores.
🍴 Después vino un conejo en escabeche de naranja. La combinación era brillante, y el pan fue aquí víctima y cómplice: imposible dejar de mojarlo en esa salsa.
🍴 Las manitas de cerdo fueron otro acierto, servidas con patatas caseras. En mi opinión les hubiera sentado bien un toque de picante, pero Juan Carlos, el dueño, me explicó que al gusto alicantino no le va el ardor.
🍰 Y para cerrar, dos raciones de tarta de manzana. Rica, pero sin llegar al nivel de su famosa tarta tatin —para la que, según Juan Carlos, esperan la temporada de manzana reineta.
Lo que bebinos
Aquí hay que detenerse. Brisa no solo es un templo del producto local, sino que cuenta con una bodega espectacular y a precios que en Alicante resultan casi milagrosos.
🍷 Arrancamos con un Pazo de Señorans, un albariño con más acidez de la que recordaba. Muy bueno, aunque no me enamoró del todo. Tal vez me dejó un eco de ese fenómeno en el que ciertas bodegas, al subir su fama, bajan la calidad. Esperemos que no sea el caso.
🍷 Y luego, el protagonista: Viñas de Gain de Artadi, un Rioja excelente que, sinceramente, justifica por sí solo una visita al Brisa.
Lo que pagamos
💶 No hay aquí precios para asustar a nadie ni menús que te obliguen a pedir una hipoteca. Comer y beber bien sale por lo que en otros sitios te costaría solo la botella de vino. La cuenta ascendió a 56€ por persona, con las cañas del principio, cinco botellas de vino, carajillos, etc. Sin “vicios” se queda en 30 euritos.
Lo que pensamos
🗨 Brisa no es un sitio de decoraciones millonarias ni de shows de luces y música. Tampoco le hace falta. Aquí se viene a comer y beber bien, sin distracciones innecesarias.
🗨 Gran parte del encanto está en su kilómetro cero real. Juan Carlos compra directamente a los agricultores locales: tomates, pimientos, habas, hortalizas… Y se nota. Mucho de lo que se sirve en la mesa tiene sabor auténtico, de esos que no se pueden imitar.
🗨 Además, hay un tesoro que no todo el mundo conoce: la repostería. Brisa es también obrador y sus tartas merecen capítulo aparte. Se pueden pedir enteras o por porciones para llevar, y creedme, esas tartas triunfan en cualquier sobremesa casera.
🗨 Este es, en definitiva, uno de esos lugares que con el paso de los años no pierden esencia, sino que la concentran. Donde cada visita sabe a reencuentro y donde, sin artificios, siempre terminas diciendo: “Tenemos que volver”.
Las fotos
El video
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El Podcast
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