Recientemente hicimos una escapada a Valladolid, una ciudad que para el amante del buen comer siempre es un destino agradecido. Éramos un grupo grande, doce personas, lo que a veces complica la logística, pero nos permitió probar un poco de todo. Aquí os dejo mis impresiones sobre las paradas que hicimos, desde el sitio del que todos hablan hasta el asado más tradicional.
El Bar: Cuando las expectativas juegan en contra – ✨✨✨✨ €€ (25 – 50€ por persona)
Empezamos fuerte. “El Bar” es de esos lugares que ahora mismo recomienda todo el mundo, desde chefs hasta críticos gastronómicos. Por eso, fue la primera reserva que hice, con muchísima antelación, esperando encontrar el Santo Grial.
Diría que este sitio es un signo de nuestros tiempos: la ley del péndulo. Si hace diez años despreciábamos un plato si no llevaba kimchi, ají o una hoja de siso, ahora ensalzamos el producto desnudo, mínimamente tratado. Y no me entendáis mal, eso no es malo, pero quizás tanta alabanza desmedida tampoco sea necesaria.
Fuimos a comer y pedimos unas “romanitas de cigala” (los cuerpos hechos a la romana), unos chipirones de buen tamaño con una salsa riquísima y un rabo de toro que estaba francamente bueno. Para cerrar, una tarta de manzana que, aunque por la foto quizás no lo parezca, estaba deliciosa; fue lo que más nos sorprendió.
Salimos a unos 55 euros por persona con una botella de buen vino. ¿El veredicto? Es un buen sitio, todo estaba rico, pero nos decepcionó un poco. No por la comida, sino porque las expectativas eran tan elevadas —cosas de las modas— que es difícil cumplirlas. Le doy 4 estrellas (Notable).
Trasto: Creatividad con sentido – ✨✨✨✨ €€ (25 – 50€ por persona)
Nuestra siguiente visita fue a Trasto, un restaurante que cuenta con un sol Repsol. Optamos por su menú de tapas, una propuesta creativa que me pareció el complemento perfecto al sitio anterior.
Por 33 euros, el menú es muy completo y honesto. Empezamos con unos aperitivos que nos gustaron mucho, destacando la croqueta de jamón y el pani puri. Pero donde la cosa se puso interesante fue con los siguientes pases. El “Pucela Roll” fue sorprendente, absolutamente recomendable, al igual que el donut de rabo de toro con fondant de queso trufado. Es un plato que ya se ve en otros sitios, pero aquí sigue estando muy bueno.
También probamos un cogollo “César escabechado”, un brioche de kebab y un bikini de jamón ibérico. Para cerrar, una tarta de queso que, según nos contaron, tiene algún premio. Estaba muy rica, un broche final digno.
En resumen: otro sitio notable . Es confortable, tienen un buen servicio y el menú se sale de lo habitual sin dispararse de precio. Si te apetece probar algo diferente a lo clásico, es un local muy recomendable.
El Figón de Recoletos: El templo del lechazo – ✨✨✨✨ €€ (25 – 50€ por persona)
Como es lógico, ir a Valladolid y no comer lechazo es casi pecado. Para cumplir con la tradición, reservamos en El Figón de Recoletos. Al ser doce, tuvimos que elegir uno de los menús de grupo (61 euros).
El despliegue fue clásico y contundente: morcilla asada, pimientos, revuelto de gambas y jamón y, como plato principal, su famoso lechazo asado con ensalada verde. De postre, una tarta de hojaldre. Tengo que decir que todo estaba delicioso. La calidad del producto es innegable y el precio me parece razonable para lo que ofrecen. En cuanto a la comida, les doy un sobresaliente (5 estrellas).
Sin embargo, me gustaría hacer un apunte genérico sobre estos menús cerrados con bebida. A veces da la sensación de que van con el “freno de mano echado” a la hora de servir vino. Si ya lo estás cobrando en el paquete, no hay que parecer rácano. Por esta razón, cada vez soy menos fan de los menús con “todo incluido” en la bebida.
¿Nos vamos de tapas?
Hablar de gastronomía en Valladolid y no ir de tapas es un sinsentido. Teniendo en cuenta que éramos muchos y no cabíamos en todos lados, estos fueron los sitios que visitamos:
Los Zagales. Es uno de los sitios más famosos de la ciudad y, en cuanto pides una tapa, entiendes el porqué. Es la expresión máxima de la imaginación en cocina en miniatura. Si no has ido nunca, es visita obligada. Sus tapas icónicas como el “Obama en la Casa Blanca”, el “Copa y puro” o el “Tigre tostón” son un espectáculo. Además, el precio es razonable, lo que explica que el bar esté siempre hasta la bandera.
Los Ilustres. No tenía referencias de este sitio, pero al ser un local amplio nos vino como anillo al dedo. Tienen una buena carta de vinos por copas y las tapas cumplieron. Destacaría las patatas a la importancia (un guiso poco común en otras zonas y que aquí hacen muy bien) y sus Gildas XXL. Una opción cómoda y segura.
La Tasquita. Para terminar, antes de coger el tren, paramos en La Tasquita. No es el sitio ideal para grupos grandes, pero nos dividimos en mesas de cuatro porque merecía la pena. El servicio es impecable y rápido. Tienen buena oferta de vinos, sobre todo por botellas, a precios sensatos. Las tapas están muy buenas: las más famosas son el solomillo de cerdo con pimiento y la tosta de gambas, pero yo añadiría las patatas revolconas con torrezno y la carrillera. Eso sí, suele haber cola.
En definitiva, Valladolid sigue siendo una plaza fuerte para disfrutar comiendo y bebiendo, ya sea sentado con mantel o de pie en la barra.







