¡Hola, queridos amantes de la buena mesa!. Prepárate para un viaje culinario por algunos de los restaurantes que he tenido el placer de visitar durante este inicio de 2026 y de los que no he escrito una reseña completa por falta de ganas o de tiempo. Pero tampoco quiero guardármelos para mi solo, así que espero que estas micro reseñas despierten vuestro apetito y vuestra curiosidad. Recordad, la vida es demasiado corta para comer mal, ¡así que salid y disfrutad!
NOTA. Los rangos de precios están calculados incluyendo bebidas, es decir el rango de precios de lo que pagaras al final….si no te pasas pidiendo. Si solo bebes agua, estarás en el margen inferior o incluso un poco por debajo.
Alba – Alicante – ✨✨✨✨ €€€ (50- 80€ por persona)
Alba es de los pocos restaurantes bib gourmand de la guía Michelín que hay en Alicante, para ser más preciso en realidad solo hay dos.
Como fuimos un grupo de amigos nos decantamos por el menú de degustación y como restaurante de la guía Michelín no solo no falló ningún plato sino que todos estaban muy ricos.
Lo que no me acaba de convencer es el postre, ese homenaje al tiramisú, una especie de tiramisú deconstruido, que no me dice nada.
El precio del menú en este momento es de 37,50 euros y la verdad es que está muy bien aunque a mí personalmente se me queda un pelín corto de cantidad para una comida. Pedir un plato más para reforzarlo con algo que apetezca de la carta, me parece una buena opción.
Michel, el marido de Alba, responsable de sala es un gran aficionado al vino y tiene una bodega muy destacada. Los precios de los vinos, en mi opinión están un poco sobre elevados.
Angelita – Madrid – ✨✨✨✨✨ €€€ (50- 80€ por persona)
Ya sé que algunos estaréis hasta el gorro de oírme hablar de Angelita, pero es de esos sitios a los que vuelvo una y otra vez, y de los que siempre salgo con una sonrisa. De hecho, diría que en esta última visita comimos mejor que nunca.
Empezamos con unos pimientos caramelizados que son, sencillamente, una pasada. Seguimos con el sope (esa tosta de maíz gruesa y crujiente) coronado con un tartar de atún delicioso, y rematamos la parte salada con unos canelones de rabo de toro que estaban para ponerles un piso.
Como nos quedaba un poco de vino en la copa, decidimos estirar el momento con su famosa tabla de quesos. Si a este festival le sumas la bodega espectacular que manejan, entenderéis por qué siempre salgo de allí dando palmas con las orejas.
Un picoteo de este nivel, acompañado por una botella de vino más que decente, sale por unos 50 euros por persona. Para mí, cada euro está más que justificado.
Duque – Segovia – ✨✨✨✨ €€€ (50- 80€ por persona)
Una escapada a Segovia suele tener un destino fijo en el GPS: el asado. Esta vez nos dejamos caer por Casa Duque, un histórico que luce con orgullo su Sol Repsol en la fachada y que es, básicamente, una institución en la ciudad.
Para empezar, nos decantamos por una degustación de aperitivos. Me parece una idea fantástica para los indecisos o para los que, como yo, queremos probarlo todo sin terminar rodando por el acueducto. Eso sí, hubo luces y sombras: mientras que los judiones estaban espectaculares (de los que te reconcilian con la vida y más en un día tan frio como el que tuvimos), la sopa castellana nos dejó fríos; estaba absolutamente insulsa.
En los platos fuertes fuimos a lo seguro: un cuarto de cordero, una paletilla y, por supuesto, una ración de cochinillo. El cochinillo estaba soberbio, con ese punto crujiente que esperas encontrar aquí. El cordero, por su parte, cumplió con dignidad, aunque sin llegar a emocionarnos tanto como su compañero de mesa.
El momento dulce fue para la leche frita flambeada con whisky DYC (barriendo para casa, claro). Un postre de los que destacan y que te deja con un gran sabor de boca antes de pedir la cuenta.
Hablando de la cuenta, salimos a unos 75 euros por barba. Un precio razonable teniendo en cuenta la fama del lugar y el galardón que ostentan. Eso sí, ojo con la carta de vinos: es de corte muy clásico y los precios pican bastante, de esos que te hacen leer la etiqueta dos veces.
En resumen: Si vas, pide los judiones, el cochinillo y la leche frita. Con ese trío, sales de allí a hombros. Si lo que buscas es el cordero de tu vida, mi memoria (que puede fallar con los años) me dice que guardo mejores recuerdos de José María o Bernardino, pero Duque sigue siendo una apuesta segura en el corazón de Segovia.
Ñora y ají – Alicante – ✨✨✨✨ €€ (25 – 50€ por persona)
Segunda visita a este rincón que juega al despiste entre dos mundos. La primera vez no cuenta (fue en plena pandemia y todos estábamos a otras cosas), así que esta era la buena.
Lo que hace especial a Ñora y Ají es su capacidad para mezclar la cocina peruana con la mediterránea. Es un oasis diferente en una zona donde impera lo tradicional, y esa mezcla de sabores se agradece. El guion es curioso: las entradas y los postres tienen un ADN claramente peruano, mientras que los principales tiran hacia la “terreta” con arroces y gazpachos, además de un chicharrón que pone el toque carnívoro.
Todo lo que probamos estaba rico, con presentaciones cuidadas y raciones en su punto justo. Sin embargo, hay un “pero”: parece que el tiempo se ha detenido en su cocina. La carta apenas se ha movido en estos años y sigue ofreciendo exactamente lo mismo. Si eres de los que busca el confort de encontrar siempre tu plato favorito tal y como lo recordabas, este es tu sitio. Si buscas sorpresa constante, quizás te falte algo de chispa.
No tengo el ticket exacto porque me invitó mi amiga Isabel (¡gracias de nuevo!), pero echando un ojo a la carta, calculad que la broma sale por unos 30 euros por persona, sin contar las bebidas.
La taberna de los huevos de Lucio – Madrid – ✨✨✨✨ €€ (25 – 50€ por persona)
Tras una tarde de teatro, nos dimos un paseo de los que hacen hambre hasta la Cava Baja con la idea de picar algo. Como íbamos sin reserva (un deporte de riesgo en esta zona), probamos suerte en esta taberna; sabía que es amplia y que las probabilidades de encontrar mesa eran altas. Y efectivamente, hubo suerte.
En la mesa hubo de todo un poco. Pedimos un pulpo que, sinceramente, no me terminó de convencer, pero lo compensamos con unas alcachofas con foie que estaban, sencillamente, excelsas. Y por supuesto, no faltaron los famosos huevos rotos de Lucio. Están muy ricos y, seamos sinceros, estar allí y no pedirlos es casi un pecado que te puede conducir a la pena de excomunión gastronómica.
Acompañamos el picoteo con una botella de vino y la cuenta salió por unos 25 euros por persona. Un precio muy correcto para una cena informal y sin complicaciones. Ideal para cuando buscas algo seguro en pleno corazón de Madrid.







