Nuestra valoración
Volver a El Pincelín después de años es como reencontrarse con un viejo amigo que sigue vistiendo con elegancia y cocinando con el corazón. Ubicados en su comedor más castellano, disfrutamos de una puesta en escena impecable: mesas generosas, manteles de hilo y una cristalería a la altura de su excelsa bodega. Es un restaurante que mantiene sus galones en las guías Michelin y Repsol no por inercia, sino por ofrecer un producto de primera a un precio que hoy es difícil de encontrar. 🍷
Lo que comimos
🍴 Al ser solo dos, fuimos directos al grano. Empezamos con un lomo de orza escoltado por patatas panaderas, alioli y pisto; un ejemplo de cómo la sencillez, cuando el producto es de diez, es imbatible.
🍴 Seguimos con unas croquetas de vaca vieja madurada con una lámina de cecina, muy cremosas y de sabor intenso.
🍴 Las mollejas de cabrito fritas con ajetes fueron otro acierto: crujientes, nítidas y en su punto exacto de fuego.
🍴 El plato fuerte fue su icónico gazpacho de pescado (atún, gambas y almejas). Estaba soberbio, aunque quizás con una potencia de sabor algo excesiva para algunos paladares. Con la torta sobrante nos ofrecieron unos rollitos; probamos el de anchoa (2,70 € adicionales) y, aunque correcto, preferiría haber pedido una croqueta más.
🍰 Cerramos con una tarta tatín de manzana perfectamente confitada y un original helado de avellana. 🍎
🍷 Elegimos un Secastilla (D.O. Somontano), una garnacha que suele gustarme mucho. Nos sirvieron una añada de 2008. Aunque el corcho y el estado del vino eran perfectos, me sirvió para confirmar que los tintos con más de diez años suelen resultarme demasiado maduros. No obstante, la bodega es espectacular y los precios son muy honestos, especialmente en las referencias de la zona de Almansa.
Lo que pagamos
💶 La cuenta final rondó los 120 € para dos personas (60 € por barba). Si restamos los 30 € del vino, hablamos de 45 € por comensal, un precio excelente dada la solvencia de la cocina. Como detalle a tener en cuenta: te sirven de entrada pan de dos tipos, almendras tostadas y cortezas sin preguntar, algo que luego verás reflejado en la factura.
Lo que pensamos
🗨 Es de agradecer encontrar casas que mantienen los pies en el suelo con una política de precios tan honesta. En un panorama gastronómico donde ya es difícil comer bien por menos de 50 euros, salir a 45 euros por cabeza tras disfrutar de todos los platos con ese nivel me parece un ejercicio de honestidad a destacar.
🗨 La sala respira ese aire de mesa amplia que tanto valoramos. Es un sitio para disfrutar sin prisas, ideal para quienes buscan sabores nítidos y no fuegos de artificio. Mención especial merece su personal, muy amable, y esa vitrina de pescados y mariscos que lucía un aspecto magnífico. Si buscas tradición y buen producto, El Pincelín sigue siendo la respuesta en Almansa.
🗨 El Pincelín sigue siendo un valor seguro y un refugio de la cocina con mayúsculas. Hacía muchos años que no lo visitaba y me alegra confirmar que el tiempo no ha hecho mella en su esencia: continúa siendo ese lugar donde el producto es el protagonista. Bravo, bravo y bravo. 👏







