Nuestra valoración
Encontrar un sitio que se aleje del postureo madrileño para centrarse en lo que realmente importa es cada vez más difícil, pero Brutalista lo consigue. Ubicado cerca de Plaza de España, este espacio capitaneado por Pablo López ofrece una cocina donde los escabeches son religión oficial y el ambiente invita a disfrutar sin prisas de una propuesta gastronómica con mucha personalidad.
Lo que comimos
🗨 Aquí no hay carta cerrada; los platos te los “cantan” según el mercado. Con lo que tienen hacen distintos grupos de platos y tú vas eligiendo los platos que te apetecen dentro de cada grupo. Lo tienen muy bien organizado y aunque como he dicho tomamos dos menús diferentes en todo momento todos teníamos algo sobre la mesa.
🍴 Cuando llega sobre la mesa tienes un bote patatas fritas para que pueda explicar algo con la bebida mientras vas echando un vistazo a la carta y una vez elegidos los platos te llega el primer aperitivo donde destacaron unos rillettes de cerdo muy sabrosos.
🍴 El primer pase, con ostra, mejillones al oloroso y sepia con salmorejo, cumplió sin grandes sorpresas, siendo la sepia lo más destacable.
🍴 Sin embargo, el nivel subió notablemente en el segundo pase: la papada en escabeche con pimentón y lima nos flipó, superando incluso a una muy buena oreja y lengua escabechadas.
🍴 Terminamos la parte salada con una codorniz frita deliciosa y un conejo escabechado impecable, aunque más clásico.
🍰 Para el cierre, nos invitaron a media ración extra de postre, pudiendo probar tres: el flan de leche condensada (muy de moda el flan), el de mascarpone con gorgonzola y el de queso con arándanos. Todos ricos y el que más nos gustó fue ese flan de leche condensada y nata.
🍷 La bodega es uno de los puntos fuertes si te gusta dejarte aconsejar. Aunque tienen carta, lo mejor está fuera de ella. Charlamos con el sumiller y nos descubrió un Chianti, Querciabella (unos 40 €) espectacular: moderno, limpio y con mucha alma. Nos encantó.
🍷 Antes, abrimos boca con los Jereces, una de sus especialidades. Probamos una mezcla propia de fino y amontillado muy resultona y una manzanilla clásica, servidos como Dios manda, en copas decentes y no en catavinos obsoletos.
Lo que pagamos
💶 El sistema es flexible y honesto, algo que se agradece. Ofrecen cuatro menús que oscilan entre los 35 € y los 55 € según el número de pases. Nosotros optamos por dos menús diferentes (3 platos + 5 platos) por recomendación de la casa, ya que teníamos cena con amigos esa misma noche. Es un precio más que razonable, sobre todo porque incluye agua filtrada, un bol de patatas generoso, pan, aperitivos y postre. Además, permiten que cada comensal elija un menú distinto, una flexibilidad que no es fácil de encontrar.
Lo que pensamos
🗨 Brutalista es una parada obligatoria para quien valore la cocina por encima del envoltorio. En un Madrid lleno de locales cortados por el mismo patrón estético, se agradece encontrar una propuesta que se atreve con los vinagres y los ácidos de forma tan abierta. Hemos dado alas a los ceviches y otros platos exóticos, olvidando lo que nuestra propia cocina nos puede ofrecer.
🗨 Me gustó especialmente la flexibilidad de sus menús. No es habitual que te permitan elegir pases distintos para cada comensal, y eso facilita mucho la experiencia cuando vas acompañado. Salimos perfectamente comidos, sin la sensación de haber pagado de más y con la satisfacción de haber probado platos con identidad propia.
🗨 Mención aparte merece el servicio del vino. Da gusto encontrarse con un sumiller que escucha, interpreta lo que buscas y te ofrece joyas fuera de carta como ese Chianti. No es un lugar de lujos visuales, pero sí de satisfacción gastronómica real. Muy recomendable.







